Conozco esa soledad
que duele.
La que hace que la superficie
entera de tu piel
se sienta
como si
un millón de trozos de carbón
prendidos al rojo vivo
te tocaran.
La que hace que tus ojos
tengan hambre
de otros ojos.
La que hace que tu ombligo
necesite otro ombligo
para hablar.
La que vive el hoy,
el ahora, el este segundo.
La que no tiene mañanas,
ni amaneceres,
ni noches.
Sólo instantes.
Sólo ahoras.
La que es una puta
que se va a la primera
y se viene primero.
La conozco,
y me gusta.
Y nos sabemos bien,
y nos queremos mal.
Y ahora,
en este segundo,
nos venimos juntas.