Alguien me preguntó ayer qué es lo que más valoro en las personas. Creo que lo más valioso que tenemos los seres humanos, lo que nos hace ser más que simples animales, es la compasión. La capacidad de sentir por otra persona. De ponernos en su lugar. De querer a otro. De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, compasión está definido como "sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias". Todos sufrimos penas, todos tenemos problemas. Aunque claro, esos varían tanto como varían las circunstancias de cada uno. Sin embargo, todos tenemos la capacidad de sufrir y también tenemos la capacidad de sentir compasión.
Y sin embargo, no creo que a nadie le guste causar lástima. Ser el objeto de la compasión de otro me parece que puede ser un tanto cuanto humillante. Es preferible causar admiración. Que digan: "Qué fuerte eres, que a pesar de todo sigues de pie", o "es increíble que en tu situación no te hayas derrumbado", o cosas por el estilo. Y sin embargo, cuando he oido esas cosas, pienso "si supieran que por dentro siento que mi cordura está detenida por palillos, que un simple movimiento en falso podría causar un verdadero derrumbe y me vendría abajo". Pero no lo admitiré nunca. Porque no quiero causar lástima. Porque, además, no quiero ser miope. Obviamente, puedo ver que las cosas podrían siempre ser peores, pero no quiero ni invocar ese pensamiento por miedo a causar precisamente que algo malo pase. La "mala vibra". Lo que sea que eso signifique.
Y ahora, tengo que empezar a tratar de resolver mi vida por partes. Punto por punto. Quiero explicarme a mi misma cómo voy a vivir el resto de mi vida, sin darla por hecha y sin ponerme a llorar.