Thursday, November 09, 2006

De regreso

Hace ya bastante que no escribo. Seis meses nada más. Dejé de hacerlo porque... no se. ¿Flojera? ¿Miedo? Quién sabe.
Hoy por casualidad encontré en un correo genérico la exposición de fotos de un mexicano con un nombre conocido. Lo conocí hace algún tiempo. Yo tenía 9 años y él tendría 4 o 5. El día anterior mi madre me había preguntado muy casualmente si me gustaría tener dos papás. Yo, como buena niña de 9 años que siempre pensará que dos es mejor que uno, dije que sí. Al día siguiente fuimos a un restaurante y conocí a un señor delgado, que me pareció altísimo, de cabello negro y ojos grandes. Con él, iba un niño de la edad de mi hermano Gustavo. Pero no se parecía en nada a Gustavo. Incluso desde chiquitos eran distintos.
El señor alto resultó ser mi padre "biológico", por decirlo propiamente. O por lo menos eso me dijo mi madre. Despues de eso, no lo volví a ver sino hasta que tuve 24 años.
Mi papá, o al que yo considero como tal porque crecí llamándole así, murió cuando yo tenia 13. No estoy segura de cómo murió porque nunca he sabido la verdadera historia. Mis abuelos nunca me la han contado, y sólo he oido rumores. Cuando yo tenía 9 años, realmente no tenía gran capacidad de decisión, así que después de conocer a Adrián no volví a preguntar por él. Sin embargo, el hecho de no preguntar en voz alta no significó no preguntar. Siempre me extrañó no volverlo a ver. Pero me pareció desleal con mi papá. Incluso después de muerto. Hasta que un día, cuando tenía como 24 años, le dije a mi madre que quería verlo. Que tenía curiosidad. Esa misma noche, mi madre me llamó y me pasó al teléfono a un hombre de voz temblorosa. Me dijo que era Adrián y que quería verme. Arreglamos una cita para esa misma semana, y fuí con mi madre a un departamento en la colonia Roma, creo. Me acuerdo que cuando lo ví, no reconocí en él a aquel señor que me había parecido tan alto (por supuesto, cualquiera es alto para una niña de 9 años).
Estaba mucho, muy delgado. Demasiado, diria yo. Tenía la piel de la cara maltratada. Después me dijo mi madre que había estado en la cárcel y que la había pasado muy mal, pero no me acuerdo por qué. Traté de ver en sus ojos razgos en común. Creo que él hacía lo mismo, porque se me quedaba viendo como tratando de reconocerme.
Subimos a su departamento y poco después llegó un muchacho que me pareció simpático, de la edad de mi hermano Gustavo, pero con una actitud mucho más relajada. Nos sentamos todos en la sala, con las sillas en círculo, como en una reuníón de consejo, o de AA o qué se yo. Ahí platicamos un rato. El muchacho, que sería mi medio-hermano, me invitó a un "rave". Yo nunca había ido a uno, y dije que no podía. ¿Cómo le explicaría a mis abuelos?
Después de eso vi a Adrián un par de veces más. Los dos tratamos de establecer algún tipo de relación. Nunca hubiera llegado a un nivel de padre-hija, pero por lo menos una relación donde te conoces, donde hay algún tipo de historia en común. Pero un día me llamó para decirme que se iba a South Carolina a un "gig" de foto y que volvería en unos dos o tres meses. Dos semanas más tarde me llamó al trabajo su novia, para decirme que había muerto en un accidente. Un borracho había chocado contra su coche y ahí terminó la historia de Adrián.
No fuí a la misa. No fui al funeral. Pero siempre busqué a Teseo, en google o yahoo o qué se yo. En algún lado aparecería. Y, en efecto, apareció hoy. En una exposición de un restaurante justo aquí, en Nueva York. Justo donde vivo. Le mandé un correo. Ojalá que me conteste. Ojalá que nos veamos. Aunque sea sólo para ver si nos reconocemos.